El colegio nos invitó a los alumnos de 6º de E.P a una excursión para que aprendiéramos otros valores como la convivencia con los demás niños en un entorno fuera del colegio, con las tareas propias de una granja.
Fuimos en dos autobuses cantando todo el camino y cuando llegamos cogimos nuestras mochilas y nos dirigimos a la sala principal de la granja. Allí nos comentaron que podíamos jugar con los diferentes juegos de mesa que había mientras se organizaban para repartir las habitaciones. Cuando nos lo dijeron cogimos nuestras maletas y fuimos a dejar las cosas y ponernos las botas de montaña. Así empezó nuestra aventura en la granja- escuela Barreiros.
En las instalaciones pudimos ver y estar en contacto con animales como las gallinas, vacas, conejos, ovejas, dos perros muy grandes “San Bernardo” y también vimos un ternero que acababa de nacer.
El martes tuvimos que recoger estiércol y cavar la tierra para airearla. La granja tenía un terreno muy grande alrededor.
La actividad que más nos gustó fue la que hicimos durante la noche; consistía en que dos monitores y los tres tutores se escondían dentro del recinto de la granja y nosotros formando grupos teníamos que encontrarlos. Utilizamos linternas para alumbrar pero aún así fue muy difícil encontrarlos. La que nos lo puso más difícil fue Fabiola que se escondió con una chaqueta detrás de un matorral.
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Por la noche fuimos a dormir a una habitación con literas; éramos diez, niños y niñas, y nos tapamos con sacos, aunque durante la noche hizo bastante calor y a algunos comenzó a sobrarles el saco.
El miércoles por la mañana, después de desayunar chocolate con churros, nos pusimos las katiuskas para hacer una ruta por el pueblo de casi dos kilómetros y medio. De vuelta nos paramos varias veces en el bosque; en una ocasión fue para orientarnos a través de la localización del musgo de los árboles.
La comida en la granja estaba buena. Comimos empanadillas, pizza, tortilla… todo estaba rico! El miércoles de despedida tomamos helado de postre.
A la vuelta estábamos un poco cansados y no pudimos cantar mucho en el autobús. Veníamos contentos por pasar dos días todos juntos en un sitio distinto al colegio. Cuando llegó el autobús los padres y las madres estaban esperándonos. Cogimos los bocatas de chocolate que nos dieron los tutores y nos fuimos a casa con las mochilas.
El viaje no acabó aquí, lo revivimos una y otra vez contándoselo a nuestros padres
Crónica de Miguel García Figueiras, 6ºA |